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Día 6 ¿Qué hacer en Nusa Lembogan?

Cristina Monzón, hizo una ruta por Bali de 8 días por libre. No te pierdas todos sus relatos. Te ayudarán a planificar tu ruta por Bali. El día 6 y 7 visita Nusa Lembogan.

No podíamos dejar de visitar Nusa Lembogan, una Bali alternativa que me recuerda, salvando las diferencias, a la Formentera de los 90, medio hippy y rural, mochilera, minoritaria, sencilla, sin pretensiones, todavía a medio hacer.

Un barco rápido acerca las costas hermanas en poco más de 30 minutos.
Todos los pasajeros estamos sentados mirando hacia proa donde un único televisor nos regala curiosos video clips balineses: dos lánguidas chicas discuten por el amor del mismo hombre. La chica A lo vio primero e incauta presenta el novio a la chica B. La chica B (seguramente abreviatura de buscona) encandila en secreto al único chico de la trama. La chica A es abandonada entre lágrimas e hípidos que no necesitan subtitulo. El video clip es casi un culebrón y nos tiene entre asombradas y expectantes todo el trayecto. Dura muchísimo y casi nos da pena que se acabe, pero ¡que se va a hacer, ya hemos llegado a la pequeña y exótica Nusa Lembogan!.

Nusa Lembogan
Nusa Lembogan

La isla esta medio a terminar. Los lugareños parece que están vislumbrando los parabienes del turismo y se han metido a construir por doquier cabañitas y chocitas al más puro estilo balines.
La isla se dedica al turismo y cultivo de algas en proporción 70/30.

El chiringuito Mamma Mía nos recibe a ritmo de guitarra española fusionada con música electrónica. Me siento como en casa. Todo aquí es relajado o como se dice ahora «chill out».

Nos comemos un cangrejo enorme bautizado con una espesa y gustosa salsa picante. No podemos mojar pan pero nos hinchamos a arroz. Nos atrevemos también con una ensalada de algas locales de tacto gelatinoso que son como un chicle ecológico, seguro que buenísimo para algún órgano pero de dudoso deleite al paladar.

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Nos acompaña todo el tiempo I Ketut Suranatha y su moto, un MUST Para recorrer la isla.

Ketut: 27 añitos, cara de buena persona, sonrisa perenne balinesa y muchas ganas de ayudar. Es dueño del complejo, también a medio terminar, Karan Más Vila, que en breve quedará muy bien.

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Nos lleva a Dream Beach, una calita encantadora encajonada entre rocas con un beach club hippy y alternativo. Todo sigue como al principio: relax y buen rollito.
Lo único que hoy está bravo es el Océano, que se empeña en demostrar quien manda aquí.
Pasamos la tarde vagabundeando entre la playa y la piscina infinita de agua salada, con un cóctel 2×1 en la mano. Toda nuestra preocupación reside en decidir que nos apetece más si un daikiri o una margarita.

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Acabamos el día con una brumosa puesta de sol en «Devil’s tear», el mejor sitio según Ketut.

Hoy el sol no acude a la cita. Permanece escondido detrás de las nubes quien no se la pierde es el mar que estalla con rabia contenida contra las rocas volcánicas del Devil’s tear y forma corrientes y remolinos usando toda la paleta de posibles azules.

Nos tenemos que apartar porque la espuma llega hasta arriba del acantilado y hay que tener cuidad con la bravura de este Índico peleón.

Cuando el sol esquivo roza el horizonte, le pregunto a Ketut si esta feliz. Me responde extrañado: yo siempre estoy feliz. ¿Tú no?

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Escrito por Cristina Monzón.

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