Campo de concentración de Terezín, Praga

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Terezín Tour

Para visitar el Campo de Concentración de Terezín, contratamos un tour en Praga. Quedamos a las 10 en la Plaza Vieja, para dirigirnos hacia la estación de trenes de Praga. En esta ocasión éramos un grupo de jóvenes españoles, ya que ninguno pasábamos de los 30 años, lo que permitió agilizar mucho la visita.

Campo de Concentración Terezín

Los trenes de la República Checa tienen muchísimo encanto, pues pese a ser antiguos están muy bien cuidados y aportan un toque especial a la visita. Durante el trayecto, el guía nos hizo una pequeña introducción histórica, para ayudarnos a sumergirnos en los años de la guerra.

Campo de concentración de Terezín

Al llegar a  la estación de Bohusovice nos estaba esperando un minibús, que nos haría el traslado hasta Terezín, tal y cómo lo hicieron los judíos, con la excepción que nosotros no íbamos cargados con pesadas maletas y que no teníamos que andar. Simplemente al montar en el bus y adentrarnos por las calles ya empiezas a vislumbrar la tragedia: calles vacías, casas deshabitadas…pero todavía no hemos visto nada.

El autobús nos dejó a las puertas del la fortaleza pequeña, y lo primero que ves, es un cementerio-memorial,  homenaje a las personas que fallecieron allí, se trata de un ”jardín de lápidas” coronadas por la estrella de David, uno de los más conocidos símbolos identitários del judaísmo, y una cruz católica.

Tras atravesar las puertas, empieza la recreación. Desde entonces hasta que vuelves a subir al tren, no te quitas el sentimiento de dolor, impotencia, injusticia, tristeza, respeto…El hecho de ser un grupo muy reducido en medio tal escenario intensificó la sensación de frío y de soledad que debían haber sufrido los arrestados.

Las salas del campo de concentración de Terezín

La primera parada es pasar por las diferentes salas, por donde pasaban los judíos: primero a la de registro, luego se les pasaba a la revisión médica y en la última estancia les cambiaban todas sus pertenencias (aquellas pesadas maletas que habían trasportado andando desde la estación de tren hasta el campo de concentración), por un mísero pijama a rallas. Justo después de darse cuenta que el lugar donde estaban no era lo que pensaban, se cruzaban el arco donde se podía leer “El trabajo os hará libre” un mensaje sarcástico ya que su significado era que trabajarían hasta morir, y esa sería su libertad. A partir de este punto, se les distribuía en barracones.

Al entrar en estos pabellones, hoy, vacíos, y fríos no puedes imaginar que en literas de tres pisos de madera hubieran vivido más de dos días centenares de personas. Francisco, el guía, nos explicaba que la higiene brillaba por su ausencia, y que había una única letrina para todo el pabellón, que constaba de un metro cuadrado cubierto de paredes de madera con un hoyo en el suelo. De esta forma sumaban una enfermedad tras otra, debilitándolos y muriendo para ser menos problemas y gastos a la hora de tener que trasladarlos a campos de exterminio.

Vídeo sobre Terezín, “la ciudad regalada”

Otra de las estancias que recorrimos fue la barbería, una sala con una veintena de lavabos y sus correspondientes espejos, que parecía no corresponder al escenario que estábamos visitando. Y lo cierto, es que nunca se llegó a usar como barbería, y menos para los judíos. Esta estancia se hizo para mostrar a la Cruz Roja Internacional, las comodidades que tenían los residentes en Terezín (la Cruz Roja quería conocer el funcionamiento de todo aquello, ya que habían saltado alarmas y sospechas del maltrato a los presos). Para ello, se rodó una película sobre la vida cuotidiana e ideal y las instalaciones de las que gozaban los judíos en esta ciudad. Era un vídeo promocional, persuasivo en la que los propios individuos eran los actores. Este vídeo nos lo pusieron al final de la visita. En él, pudimos ver a familias paseando felices por las calles de Terezín, presos jugando al fútbol, niños divirtiéndose en la plaza del pueblo, entre otras escenas.  Al terminar el rodaje, según nos contó el guía, los actores fueron enviados a Auswitch…

Crueldad en el campo de concentración de Terezín

Justo al lado de la barbería, encontramos otro pabellón. En este caso, se destinaba para la gente más “peligrosa”. Éste se componía de celdas de no más de un par de metros cuadrados y, por supuesto, sin ventanas. Ahí encerraban a aquellas personas que se habían revelado, que eran líderes de algún grupo, o simplemente que se negaban a  acatar las órdenes de los militares.
Dado que se trata de un campo de concentración y no de exterminio, como es el caso del de Auswitch, no debían matar directamente, valía con dejarles sin comer, hacer que solamente se ducharan con agua fría una vez a la semana y dejarlos secar a la intemperie o impedirles durante muchísimos meses ver la luz, para que al salir al exterior se queden ciegos…crueldad absoluta.

A continuación, nos hicieron salir de la fortaleza pequeña y entrar en un pasadizo estrecho, oscuro y húmedo, cuya longitud no era más de un kilómetro, pero a mí se me hizo eterno. Ahora está habilitado para ser visitado, pero antaño no había apenas luz. Aquí dejaban morir encerradas a las personas mayores que estaban enfermas y “no servían para nada”.
Al salir, y volver a ver la luz, te encuentras de pleno con un gran muro y un ramo de flores reposando sobre éste. Automática e inevitablemente, te viene a la mente las imágenes de las películas donde tirotean a los judíos, republicanos, etc… Además justo al lado, por si no habías caído en la escena, se puede ver una horca.

Después nos dirigimos hacia los grandes pabellones que se habilitaron para las aquellas personas que por el simple hecho de ser judíos ya debían estar apartados del resto de población, tales como artistas, escritores, etc. En este punto el guía nos explica un poco más de historia y cómo fue la vida de esas personas.

Museo Terezín

Visitamos dos edificios más. Por una parte el museo, donde se recopilan fotos, dibujos, y datos muy interesantes de la historia de la ciudad.  Y por la otra, otro edificio donde se ha reconstruido un pabellón  tal y como estaban en la época. Esto ha sido posible gracias a las donaciones de abrigos, maletas, zapatos, y otros bártulos que entregaron los familiares. Esta reconstrucción hace acercarse un poco más a la realidad que vivieron estas personas. En la sala anexa, hay otra exposición, en este caso al entrar a la estancia suena una canción cantada por niños, que según nos cuenta el guía, fue la canción que escucharon los miembros de la Cruz Roja Internacional en la visita oficial a Terezín.

La canción Hans Krasá de Brundibár

Se trata de Brundibár, una ópera basada en una canción popular checa de Hans Krasá.
En Terezin llegaron a darse más de cincuenta representaciones de Brundibár ante un público compuestos tanto por prisioneros como por sus verdugos.
Los principales protagonistas de la ópera son Aninka y Pepicek (dos niños huérfanos de padre que deben conseguir leche fresca para curar a su madre gravemente enferma) y Brundibár (un organillero ambulante que con su música cautiva a todo aquel que le escucha).
Los reclusos veían en la figura del organillero a una especie de Hitler vencido por la voluntad del bien mientras los SS solo interpretaban la obra como un divertimento infantil representado en un idioma que no entendían.
El espíritu de Brundibár encierra una alegoría a la esperanza donde la fuerza de voluntad del espíritu humano demuestra que el bien puede triunfar al convertirse en la mejor manera de luchar contra el mal.

 

Crematorio, Terezín

Con esto, terminaría la visita, pero al ser  un grupo reducido, pudimos agilizar todo el itinerario, de manera que el guía nos propuso hacer una parada más. Nosotros asentimos por unanimidad, sin saber dónde nos llevaría el guía. Cruzamos varios campos y llegamos a otro cementerio-memorial donde se podía ver una pequeña casa en medio de las lápidas. Al entrar en ella, se trataba del crematorio. Había cuatro grandes máquinas negras que transformaban los cadáveres en ceniza, y al fondo una nueva habitación. La sala de autopsia, intacta, como si no hubiesen hecho mucho uso de ella…

Campo de Concentración de Terezín Opinión

Esta fue nuestra experiencia, una visita interesantísima que, aunque te quite el hambre y las ganas de hablar durante todo el recorrido, es digno de ser visitado, pues es historia, y como dijo nuestro guía: “hay que conocer las bestialidades que se hicieron, para que no vuelvan a ocurrir”.

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Artículo escrito por 2 lectoras de vero4travel: Ana Cutanda y Nieves Gordo.
Ana Cutanda, diplomada en Turismo y licenciada en Administración y Dirección de Empresa, agente de viajes durante 3 años y actualmente profesora de Ciclos Formativos de Hostelería y Turismo. Nieves Gordo, diplomada en Turismo y experta en el sector turístico y profesional de las agencias de viajes desde 2006. 

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5 comentarios

  1. Según he ido leyendo este articulo he sido embargado por una tristeza y rabia a la vez que no he podido evitar que se me salten las lagrimas, ¿cómo unos seres humanos pueden cometer ese tipo de atrocidades?. Pero me gustaría felicitar a las escritoras del articulo me ha gustado profundamente su forma de trasmitir lo que sentían al ver las crueldades que cometieron en el campo de concentración

  2. Pingback: Praga en dos días - Vero4Travel

  3. Pingback: La Iglesia Azul de Bratislava - Vero4Travel

  4. Magníficamente relatado, sin necesidad de incurrir en el morbo de un lugar que es vergonzante testigo de una parte de la naturaleza humana. Por desgracia hay demasiados lugares como éste. Incluso hoy día siguen produciéndose. Las autoras transmiten el frío del lugar, independientemente de la estación en el que fue visitado. No sé si la raza humana tiene remedio, si alguna vez nos veremos como iguales, hermanos. En todo caso sólo los que quieren conocer, saben. El viaje, quizás sea una de las herramientas más eficientes a la hora de educar, de conocer sociedades distintas, de curarnos de esos estúpidos sentimientos de superioridad que ciegan a los ignorantes e incluso los empujan a la barbarie. Gracias y enhorabuena por el artículo.

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