Entrevista a Marta Antón del blog De Mundo en Cuando

 

Hoy entrevistamos a Marta Antón del blog De Mundo en Cuando

Templo Besakih
Templo Besakih

¿Cómo comenzó tu afición por viajar?

Me gusta viajar desde que tengo uso de razón. Desde pequeña he viajado con mis padres que han sido los que me descubrieron la pasión por conocer otros lugares. Con ellos he recorrido una gran parte de España, de Europa, Israel y también descubrí el Caribe por primera vez.

Cuando era pequeña la mayor parte de las vacaciones las hicimos con la caravana a cuestas. A mi hermano y a mí nos encantaba. A los cuatro realmente. También viajamos algunos veranos por Europa con la casa a remolque, y fue estupendo. Los hoteles, a los que también íbamos, se han hecho desde hace ya tiempo el único medio de alojamiento cuando viajo con mis padres, algo que sigo haciendo y para lo que cada año me reservo unos días.

La primera vez que viajé sola (quitando algún campamento y demás), fue con 12 años a Inglaterra. Allí me estrené en los cursos de inglés de verano, que repetiría durante unos cuantos años, y rápidamente le encontré algo adictivo a tener que desenvolverme sola en el extranjero. El simple hecho de intentar hacerme entender para comprar un sándwich me gustaba.

Desde siempre he viajado y sigo haciéndolo. Es mi pasión, es lo que más me gusta y lo que hago cada vez que el trabajo me lo permite. Nunca he dejado de viajar, de hecho, no ha habido un solo año desde aquellos 12 que no haya salido al extranjero, aunque sea cuatro días, y que no me haya movido por España. Viajar me hace feliz.

Y me gusta viajar de todas las maneras, he viajado cerca y lejos, a grandes y lujosos hoteles y a casitas rurales, apartamentos y guesthouse; en avión, barco, tren, tuk tuk… Me da lo mismo un alto edificio con piscina en la azotea, que la caravana y el avance en una buena parcela de un tranquilo camping o una homestay en el rincón más perdido del planeta, donde siempre terminas conociendo a gente con una charla amigable…Lo importante es viajar. Cierto es que mis dos últimos grandes viajes al sudeste asiático los he organizado por mi cuenta, y me ha enganchado tanto esta forma de conocer algunos países, que ya estoy preparando el que creo será mi próximo destino también a mi aire, Indonesia.

¿Cuál es el país que más te ha sorprendido? ¿Alguna ciudad que quieras destacar? 

He visitado unos cuantos países y ninguno me ha sorprendido de forma negativa por el simple hecho de que suelo viajar abierta a ver cosas distintas y respetarlas como parte de otra cultura que, a su vez, me fascina analizar e intentar comprender. De hecho, eso es lo que más me gusta de viajar, el relacionarme con gentes dispares y disfrutar de otras formas de vivir, descubrir nuevos olores, nuevos colores, distintos sabores o músicas…y acercarme a todas esas sociedades y religiones que, por muy lejanas que parezcan, resultan cercanas cuando las observas y no sólo te limitas a mirarlas desde fuera.

Pero si he de decir algún país que me ha sorprendido de alguna manera, se me vienen en principio tres o cuatro a la cabeza por algunos motivos en concreto. Japón, por ejemplo, me pareció un lugar sorprendente por la amabilidad de sus gentes, la limpieza y el orden de sus calles, y, sobre todo, por el enorme contraste entre lo tradicional y la modernidad. Todo está cuidado. Era maravilloso ir paseando entre rascacielos, y entrar en un parque o en un templo donde el tiempo se paralizaba y en el que sólo te acompañaba el sonido de los pájaros, del agua y de la madera, junto con el aroma del incienso.

Tokio-Palacia Imperial
Tokio-Palacia Imperial

Israel también me sorprendió gratamente. Fui hace unos 17 años, pero fue un viaje que rememoro muy a menudo. Se palpaba claramente una mezcla cultural y religiosa que impregnaba todo. Al contrario de la idea que podía llevar preconcebida por lo que por aquel entonces mostraba la televisión, encontré un país mucho más moderno de lo que tenía imaginado. Además fue el primer sitio donde visité lugares que me sobrecogieron internamente, de forma casi espiritual, sin entrar a valorar en ningún momento sentimientos puramente religiosos. Israel es potente en cuanto a sensaciones.

Recuerdo que Suiza y Austria también me dejaron muy sorprendida por sus montañas y valles, que hacían esperar la aparición de Heidi de un momento a otro.

El sudeste asiático, en general, sorprende y enamora. Camboya, Laos, Tailandia, Vietnam o Myanmar. Recuerdo que los primeros minutos por Yangón, lo primero que hice fue ponerme calzado cerrado…lo veía todo como si estuviera sin terminar, en obras, polvoriento…y me daba medio que una falta de higiene provocara que tuviera que compartir las calles con algún roedor…pero en un par de horas como mucho ya me encontraba como en casa, qué gente más maravillosa. Kalaw, en ese mismo país, donde disfruté de unos días de trekking y dormí en un poblado de 4 cabañas o chozas de madera (sin agua corriente, ni electricidad), también me sorprendió gratamente. Que parecido y distinto es el mundo a la vez.

Trekking en Sapa
Trekking en Sapa

¿Qué visitar en Vietnam? ¿Es un país seguro?

Vietnam es un país para recorrer despacio. Tiene muchísimo que ofrecer. Os comento, si os parece, el viaje que organicé e hice, ya que creo que puede resultar bastante completo y da una buena idea de lo que puedes conocer allí.

Hanoi fue testigo de mi primer encuentro con Vietnam, y me enamoró desde que puse el pie allí. Es una ciudad vibrante, llena de gente y de motos que las primeras veces hacen que te pienses dos veces cruzar la calle. No temas, ellas te esquivan, tu lo que tienes que hacer –sin abandonar la prudencia-, es cruzar tranquilamente pero decidido. Tiene el Lago de Hoam Kiem, un centro agradable en la ciudad con ambiente prácticamente a todas horas; visítalo durante el día, date una vuelta bajo sus farolillos de colores durante la noche, y no te pierdas como hacen Tai Chi al amanecer. La ciudad tiene además importantes templos y monumentos como el Templo de la Literatura o el Mausoleo de Ho Chi Min, y un entramado de calles repletas de tiendas y puestos divididas por gremios. Desde Hanoi  nosotros hicimos además algunas excursiones preciosas, como por ejemplo, a la Pagoda del Perfume o a Hoa Lu y el rio Tam Coc. Muy recomendables.

Pagoda del Perfume, Vietnam
Pagoda del Perfume, Vietnam

También desde Hanoi nos fuimos en tren hasta Lao Cai, en el norte del país, para recorrer
Sapa. Absolutamente maravilloso. Me encantó conocer sus tribus y etnias y las terrazas de arroz me dejaron impresionada.

Santuario Fushimi, Kyoto
Santuario Fushimi, Kyoto

Después viajamos al centro del país. Fuimos a Hue con su Ciudadela Imperial, donde puedes hacer un recorrido en barco por el rio Perfume y visitar las cercanas Tumbas Imperiales. De ahí nos fuimos al encantador pueblo de Hoi An, una auténtica preciosidad a la rivera del rio y llena de farolillos, donde además de visitar el puente cubierto japonés o la casa Tam Ky, puedes hacerte un vestido o unas deportivas a medida en 24 horas. Esta localidad es un buen sitio desde donde visitar también las ruinas de My son.

A continuación fuimos a Saigon o Ho Chi Minh, una ciudad grande y más moderna donde también conviven los templos y la tradición, y en la que conocer  lo que fueron importantes localizaciones durante el conflicto con Estados Unidos, o guerra civil como también puede mirarse. Desde aquí hay que ir a Cu Chi, no puedes perderte las trampas y laberinticos túneles subterráneos -dotados incluso de cocina y hospital- que tantos dolores de cabeza provocaron a los americanos durante la guerra.

Cu chi, tunel ampliado, Vietnam
Cu chi, tunel ampliado, Vietnam

Después fuimos a Can Tho, a My Tho y nos hicimos un buen recorrido por toda la zona del Delta del Mekong donde probamos un montón de frutas exóticas, visitamos mercados flotantes y aprendimos como aprovechan del arroz hasta lo inimaginable.

Aquí combinamos Vietnam con Angkor, en Camboya –quizás, el primer lugar que recuerde haber soñado visitar desde que era pequeña y uno de mis rincones favoritos del mundo- y regresamos a Hanoi “cerrando el círculo”, ya que los vuelos salían más baratos haciendo las conexiones con España desde el mismo destino. Eso sí, antes de regresar, nos despedimos de Vietnam con un crucero de dos días a bordo de un precioso barco junco por la mágica Bahía de Halong.

En cuanto a la segunda pregunta, creo que, como la mayoría de los países del sudeste asiático, Vietnam es un país seguro, al menos esa fue la sensación que tuve allí en todo momento. Creo que puedes viajar solo sin problemas y moverte a cualquier hora por todos lados sin correr peligro. Por ello no puedo dar más que los consejos que daría para cualquier otro destino: cuídate con más precaución de algún robo en las grandes ciudades, y no vayas solo por lugares poco luminosos y transitados. Lo único que creo que puede resultar más peligroso son las carreteras, no porque estén en mal estado, sino porque allí conducen como quieren, de dos carriles hacen tres, o cuatro; eso sí, al menos no corren demasiado. También puede haber algunos riesgos para la salud, por lo que hay que procurar beber agua embotellada y no comer verdura o fruta sin cocinar o sin pelar (aunque yo tomé ensaladas y otros platos y no tuve ningún problema, todo es cuestión de cuidar un poco el aspecto del lugar). Por último, y como otra amenaza o peligro para la salud, vacúnate de lo necesario y toma precauciones para evitar las picaduras de los mosquitos en algunas zonas y principalmente a última y primera hora del día, cuando pican las hembras del mosquito que contagian la malaria.

Consideras Indonesia un lugar idóneo para descansar? ¿Cómo convencerías a un viajero para que visite Bali? ¿Cómo llegar hasta Gili Trawangan?

De momento, de ese país sólo conozco Bali y Gili Trawangan, aunque espero no tardar en descubrir el resto.

Bali
Bali

Si vas buscando descanso, cualquiera de las dos islas es válida, aunque también es fácil encontrar en ellas más ambiente joven y de ocio que en otros lugares del sudeste asiático, sobre todo si hablamos de Gili Trawangan.

En Bali tienes de todo. Hay pueblos encantadores como Ubud, donde impera el relax. Es un lugar maravilloso donde, a pesar del turismo, sigue reinando la tranquilidad de la cultura balinesa. Por el contrario, puedes encontrar localidades mucho más ajetreadas como Kuta, que, personalmente, veo prescindible. Además, quien vaya buscando el relax en playas paradisíacas, que tenga en cuenta que en Bali abundan las de piedras, cantos o arena negra. Es una isla volcánica y eso se nota, pero precisamente eso es para mí lo más bonito. Descubrir el interior de la isla es precioso, con unas impresionantes terrazas de arroz y una vegetación exuberante entre la que se esconden preciosos templos de piedra gris oscura salpicada por el verde del musgo y el blanco de su típica flor, y muchos adornados con telas de colores de los dioses hinduistas. Bali es además un buen sitio para bucear y ofrece bonitas inmersiones.

De las Gili, que son tres islotes pegaditos a Lombock y a una hora en lancha rápida desde Bali, Gili Traganwan es la que ofrece más ambiente joven y mochilero y una animada vida nocturna. Puedes estar allí descansando disfrutando de la blanca y fina arena de la playa con un buen cocktail en la mano, nadando o buceando en sus aguas cristalinas y dándote un masaje balinés que hace olvidar cualquier problema. La verdad es que Gili merece la pena. Es paradisíaco. Es una isla perdida en el mapa cuya circunferencia  puedes recorrer entera por la playa en un par de horas, y donde no existen los vehículos motorizados, sólo hay bicis y algunos cochecitos tirados por burros. Evidentemente, tampoco hay asfalto. Es un lugar ideal para el relax y la diversión.

Playa Gili Tawangan
Playa Gili Tawangan

Para llegar, opté por la lancha rápida. La puedes coger desde distintos puntos como Amed, que es el que elegí, y al regreso puedes contratar un pack para que te lleve después en minivan a otros lugares como Sanur, por ejemplo. Existen otras maneras de llegar hasta ese perdido y paradisiaco rincón del mundo. Hay un ferry, mas barato, que sale desde Padang Bai, que tarda entre 4 y 5 horas, al que puedes llegar contratando también el servicio de autobús si estás en otros puntos de la isla como Ubud o Kuta. Otra opción es coger un vuelo hasta Lombock, y de ahí una lancha hasta las Gili. La verdad es que no es complicado llegar y, a no ser que viajes con tiempo de sobra, creo que resulta recomendable optar por la lancha rápida, eso sí, cuidado si eres de los que te mareas fácilmente, porque puede que el viaje sea algo movido.

¿Es Australia un país caro y prohibitivo para los turistas? ¿En qué ciudad/ciudades estuviste en Oceanía? ¿Cómo llegaste hasta Australia?

A día de hoy, y con el cambio que ha dado la situación económica desde que yo fui a Australia en 2008, no podría aventurarme a hacer una referencia a los precios. Cuando yo visité el país no me llamó la atención ni por caro ni por barato, los precios eran quizás en algunos productos algo más elevados, pero en general rondaban los que podíamos tener en España o en buena parte de Europa. Aquel viaje, además, lo hice de manera distinta a los últimos que he realizado, puesto que fui, como se suele decir, “a todo trapo”, alojándome en hoteles estupendos y sin renunciar a disfrutar de una buena comida en un restaurante que me gustara.

Uluru, Australia
Uluru, Australia

Fue un buen viaje. Conocimos Sidney, Melbourne, nos alojamos cerca del Uluru en el centro del país, donde la población más cercana, Alice Springs, la teníamos a más de 400 kilómetros, y por último fuimos al norte a pasar unos días a Cairns y a Port Douglas, un pequeño municipio costero de vacaciones. El país es inmenso y te ofrece desde grandes y modernas ciudades a una naturaleza exuberante o el inmenso desierto. Allí descubrí curiosos animales y probé platos diferentes como el canguro o el cocodrilo, para mi delicioso.

Sidney
Opera de Sidney

Llegamos a Australia después de pasar 12 días en Japón. Volamos con Qantas. El viaje de regreso a España fue, evidentemente, más largo, y no sólo por los casis dos días que nos costó volver.

Jerusalem, una de las ciudades más impresionantes del mundo, si tuvieses que definirla en una frase ¿cómo sería? 

Crisol de fe. Distintas y de la mano. Mix de culturas tan antiguas como la historia que desprende en cada rincón. Lugar mágico, sobrecogedor, intenso, donde el hombre busca su dimensión desconocida y, quizás, la antesala del cielo.

Como persona que ha viajado mucho por España ¿Qué rincón no tan conocido recomendarías a los lectores de Vero4travel?

España hay que recorrerla palmo a palmo para conocerla, puesto que cada región, cada lugar, ofrece unas características geográficas, gastronómicas o culturales muy diferentes. Tiene muchos lugares encantadores, y aquel que hemos soñado puede aparecer tras cualquier curva del camino.
Particularmente siento debilidad por el norte, Asturias, Galicia, Cantabria…me encantan sus paisajes verdes, sus pintorescos pueblos marineros, la seria gastronomía de sus fogones. Sin embargo, hoy quiero ser pregonera de la tierra que me vio nacer, de Zamora. Y es que Zamora ofrece al visitante no sólo su capital, una auténtica joya del románico bañada por el Duero, sino multitud de rincones menos conocidos y que, quizás por eso, siguen manteniendo la esencia que los hace únicos. Dejemos Toro con sus Leyes y Colegiata y Benavente en el recuerdo del conde Pimentel y vayamos a Sanabria, la Suiza española que decía Unamuno, cuyo Lago es el mayor de origen glaciar de la península.
Sanabria es lugar de fresnos y robles, de riachuelos y montes, de piedra y tejado de pizarra, lajas en los muros y bueyes poderosos tirando de carros eternos. Eso existe todavía y deja al visitante extasiado. A pocos metros de un AVE que se está construyendo y que enlazará a las meigas gallegas con las chulapas de Madrid. Una tierra profunda, de mujeres de negro que siguen recordando los más de 100 vecinos que se tragó el Lago en una oscura noche de enero de hace más de 50 años. Ese lago, en el que están sumergidas las campanas de Valverde de Lucerna y que, indefectiblemente, tocan a muerto todas las noches de San Juan.

Cementerio de Dornillas

La belleza natural de Sanabria se puede gustar con comodidad en la primavera y el otoño, permite disfrutar de la nieve en invierno y bañarte en verano, aunque en el estío es tal la invasión turística que anima a alejarse a otros parajes. Desde Puebla, Galende o Trefacio podemos visitar el Monasterio de San Martín de Castañeda, preciosa construcción románica cisterciense, y podemos hacer excursiones a solitarias lagunas de montaña, altos picachos o cañones espectaculares. Para retomar fueras, nada mejor que una magnífica chuleta de ternera de la zona o, si prefieres pescado, unas deliciosas truchas asalmonadas del lago.
Hay otros rincones de la provincia que me encantan, como el misterioso cementerio de Dornillas, donde las velas y lamparillas arden dentro de una pequeña ermita, casi una cueva, en la que tienes que permanecer agachado. Es toda una experiencia visitarlo en la festividad de Todos los Santos, cuando además el otoño decora de un halo mágico el entorno. También puedes ir a Campillo, lugar en el que subsiste desde el siglo VII una de las pocas iglesias visigóticas existentes en España y que sorprenderá a cualquier amante del arte, y puedes ir también al Monasterio de Moreruela, para contemplar el mejor ábside de cinco capillas que fue construido en el siglo XII…Fermoselle, los Arribes del Duero…hay mil excusas para que, en proceso de enamoramiento, vuelvas a mis tierras zamoranas para que pueda seguir enseñándote íntimos y desconocidos tesoros.

¿Qué visitar en Varsovia? ¿Qué puede ofrecernos la capital polaca?

Varsovia es otra de esas ciudades que, como antes se preguntaba, me sorprendió de forma positiva. También es cierto que me alojé en uno de los hoteles más modernos y exclusivos de la ciudad, y bañarte por la noche en la piscina acristalada de la azotea mientras veías como patinaban sobre hielo en la calle, recomponía a cualquiera de una buena jornada de visitas y turisteo. Como en casi todos lados, una buena guía es más que suficiente para conocer la ciudad. El sistema de metro y transportes urbanos, con tranvía incluido, en general funciona bien, y comunica prácticamente todas las áreas.

Varsovia es una ciudad de amplias avenidas y barrios que poco a poco se sacuden el gris de la guerra mundial y los guetos judíos. Tiene importantes iglesias, católicas y ortodoxas, que conviven con alguna que otra sinagoga.  Además posee bonitos palacios y parques, como el de Lazienki, importantes edificios civiles y una parte antigua encantadora, en torno a la Plaza del Mercado de la Ciudad Vieja y al Castillo Real. La ciudad también ofrece un interesante distrito comercial.

En diciembre, además, Varsovia nos ofrece -como pude comprobar- un frio absolutamente helador. Si viajas en esa época, será mejor ir bien abrigado. De todos modos, podrás entrar en calor en cualquiera de sus muchos preciosos y deliciosos restaurantes. La capital polaca me sorprendió también por su gastronomía, todo está buenísimo, y las cantidades, desde luego, son para no pasar hambre y a buen precio. Aconsejo también disfrutar de algún dulce pues las pastelerías no son aptas para poner a prueba la fuerza de voluntad de la gente a dieta, o un buen café en alguna de sus cuidadas y originales cafeterías, la traducida como Memorias de África suele tener fama de servir el mejor café de la ciudad, y doy fe de que es un sitio muy recomendable. Además, otro punto a su favor de la oferta en restauración es la simpatía del personal, en general los camareros polacos saben dar un buen servicio. También es difícil volver sin comprar alguna pieza de artesanía, las tallas de madera, las bolas de navidad gigantes y decoradas…son preciosas.

¿Podrías comentarnos algún momento especial a lo largo de tus viajes?

Afortunadamente han sido muchos los momentos especiales inolvidables que me he traído de vuelta en la maleta o en la mochila, pero quizás los que recuerdo con más emoción fueron los que llegaron a tocarme el alma e hicieron de ese momento y de ese lugar una experiencia sensorial.

 Ta Promh
 Ta Promh

Recuerdo con especial melancolía los desayunos en el camping, bajo los pinos, y como la caravana sonreía y se ponía contenta cuando mi padre encendía las luces. No olvidaré una noche en los pirineos, cerca de Lourdes, y otra en los Alpes, que me regalaron un cielo limpio y lleno de estrellas, que de vez en cuando pasaban fugaces para pedir deseos. Recuerdo como se me puso la piel de gallina al entrar en el Santo Sepulcro en Jerusalén, y como no pude contener las lágrimas de la emoción tan enorme que me daba estar frente a las ruinas del Ta Promh, en Angkor. También me pasó al plantarme, por primera vez, frente al Coliseo de Roma. Impresionante.

También es maravillosa la sensación de tener tu propio pedacito de mar desde el balcón de tu camarote en un crucero, o perderte entre las callejuelas y canales de Venecia.

Bagan
Atardecer en Bagan 
 Shwedagon Paya de Yangon
 Shwedagon Paya de Yangon

Nunca olvidaré la paz que me hicieron sentir muchos templos en Japón y en algún otro lugar del sudeste asiático, como la Shwedagon Paya de Yangon, y la serenidad que me brindaron rincones como Sapa y la Bahía de Halong en Vietnam o el atardecer en el Puente Uh Bein o en Bagan en Myanmar. Recorrer en bicicleta esta inmensa llanura salpicada de templos es toda una experiencia.

Puente Uh Bein
Puente Uh Bein
En Bici por Bagan
En Bici por Bagan

¿Tienes alguna debilidad por algún país que todavía no hayas visitado? 

Cuanto más viaja uno más quiere viajar y conocer. Cierto es que he visitado algunos países con los que siempre había soñado, pero la lista de los que me queda por conocer es amplísima. Partiendo de la base de que me gustaría conocer todos los países y rincones del mundo posibles, hay algunos destinos de esos que todo viajero tenemos en mente. En mi caso, por ejemplo, quizás encabeza la lista Bután, el que llaman el país de la felicidad. Creo que allí encontraré alguna otra experiencia de esas que te marcan interiormente para siempre, a través de una buena charla con alguien, o de la contemplación de un determinado lugar. También me atrae especialmente viajar por el Tíbet, por Nepal, y descubrir el colorido de la India. Aún no he ido, pero sé que están ahí y no tardaré en ir a descubrirlos. Respecto a otras partes del planeta, tengo otras opciones que también siempre están ahí presentes esperando a hacerlas realidad: De centro América tengo muchas ganas de ir a Costa Rica, de Oceanía me apetece muchísimo disfrutar de la naturaleza de Nueva Zelanda, y además África, sus paisajes y sus tribus, son algo que también tengo en mente. En cuanto a destinos más cercanos, tengo muchísimas ganas de ir a ver las auroras boreales y el sol de media noche.

Y por último, si pudieras hacer un viaje al pasado, ¿qué lugar y época escogerías en el mapa?

Qué pregunta más difícil. Teniendo en cuenta que entiendo ese viaje para ver y conocer y no para intentar modificar el curso de la historia, hay infinidad de lugares y épocas que me encantaría vivir. Desde la de los grandes faraones en Egipto al esplendor de Roma, desde el apogeo de otras culturas como la azteca o la jemer a los años 50 en Estados Unidos o los 60 en España o Inglaterra. Pero si tuviera que escoger, creo que viajaría algo más de 2.000 años atrás y me situaría en Tierra Santa. Sería una forma estupenda de descubrir con mis propios ojos si existió Jesús, quien fue, y conocer una parte tan importante e influyente de la historia. Poder escuchar esas palabras profetas, al igual que poder hacerlo por ejemplo de Buda, una vez encontró la iluminación después de sus místicos días de reflexión, debería de ser toda una experiencia.

Muchísimas gracias por permitirme el lujo de compartir estos recuerdos.

Entrevista a Marta Antón

Licenciada en periodismo y Máster de Radio. Trabaja en RTVE y actualmente también se está formando en Turismo con un Máster en Dirección de Empresas Turísticas. Se define como una persona creativa, responsable, organizada, divertida y muy intuitiva. Le encanta escuchar y es comunicativa. Le gusta disfrutar con la familia, con los amigos, y es amante de los animales. Le divierte bucear, los idiomas, el diseño, el interiorismo y la moda y le gusta mucho la música…Pero si hay algo que le enamora es viajar. Siempre está dispuesta a irse, donde sea. Se declara ante todo, viajera y enamorada del mundo, apasionada de sus gentes, sus culturas, sus naturalezas y sus credos. Su sueño es conocer todo el mundo, y le encantaría compaginar su profesión con ese motivo de vida. Puedes seguirla en su cuenta twitter @martasia0103.

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2 comentarios en «Entrevista a Marta Antón del blog De Mundo en Cuando»

  1. Muy buena entrevista, gracias por compartirla con los lectores de Vero4travel. Has conseguido engancharme en todo momento y querer leer más y más. Veo que no soy el único que está enamorado de Asia :), es un continente espectacular.

    Tengo ganas de visitar Vietnam y poder fotografiarme como lo hiciste tu con aquellos lugares que hicieron que ganasen la guerra.

    GraciaS!

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